Los sentidos nos permiten experimentar la realidad que nos rodea, y son muchos más de cinco. Uno de los más importantes es el dolor. Si no experimentáramos dolor, estaríamos en peligro permanente ya que no reaccionaríamos ante las cosas que pueden hacernos daño. Cuando nos damos un martillazo en el dedo hay unos nervios especializados que transmiten la sensación de dolor al cerebro. Esto es totalmente físico.
Sin embargo, hay otra reacción de dolor que es emocional. El dolor físico va acompañado de una explosión de actividad en la amígdala del cerebro, donde se procesa el miedo y la ansiedad. Los científicos han podido comprobar que este otro componente del dolor es mucho más importante de lo que parece.
En un experimento se utilizó un escáner para medir la intensidad de los estímulos dolorosos en el cerebro, y se presentó al paciente en forma de una imagen de llamas que aumentaban o disminuyan con la intensidad del dolor. Visualizarlo de este modo permitió que los participantes aprendieran a reducir su sensación de dolor hasta en un 40%.
La meditación no consiste en “dejar la mente en blanco” sino más bien aceptar nuestros pensamientos y observarlos desde fuera, sin juzgarlos ni enredarnos en ellos:
Como ves, todo está conectado. Si tu cerebro no está en orden, tu cuerpo sufrirá. Si tu cuerpo sufre, tu cerebro termina desestabilizado. Lo bueno de este círculo es que también gira en el otro sentido. Si mejoras tu estado de ánimo, tu cuerpo empezará a responder. Si mueves tu cuerpo, tu estado mental mejorará.
Oigo decir a alguien al fondo que, a medida que envejeces, mantener el cerebro en forma es como una lotería. Que nadie está a salvo de padecer Alzheimer, por ejemplo que es la principal causa de demencia y afecta al 6% de las personas con más de 65 años. Aunque es cierto que no se sabe exactamente cómo funciona, los últimos estudios indican que esta dolencia está íntimamente ligada al sistema inmunitario, relacionada con infecciones bacterianas o por hongos, apuntando a la posibilidad de que se pueda transmitir de unas personas a otras.
Pues bien, ¿sabes qué afecta directamente al sistema inmunitario? El estrés. De hecho, tanto el estrés como la depresión, e incluso tener mal humor, son factores de riesgo para padecer Alzheimer. Si de verdad resulta ser una lotería, no tiene sentido comprar boletos todos los días.
¿Qué puedes hacer con tu cerebro para vivir más años? Y más importante, ¿qué puedes hacer para que tu cerebro esté sano todos los años que llegues a vivir? Aquí tienes algunas pistas:
Un experimento de 1989 entre personas de edad avanzada pudo comprobar que quienes meditaban vivían más años. Aprender a meditar, relajación, mindfulness, o cualquier otra técnica que te ayude a tomar conciencia de tu cuerpo y manejar el estrés, es la habilidad más importante que puedes aprender para mejorar cualquier dolencia y vivir más años. Por otro lado, las personas que meditan tienen mayor flexibilidad cognitiva a cualquier edad, es decir, mejor capacidad de pensar en dos cosas a la vez, o pasar de un pensamiento a otro rápidamente.
Parece obvio, pero está comprobado que el optimismo hace vivir más años. Un estudio de la universidad de Yale comprobó que las personas que tenían una actitud positiva hacia el envejecimiento vivían hasta 7 años más que quienes tenían una actitud negativa. Dicho de otro modo, si tienes miedo de hacerte viejo, es posible que no llegues. Otro estudio más reciente comparó decenas de estudios anteriores con la misma conclusión: el bienestar subjetivo añade entre cuatro y diez años a tu vida, y te mantiene sano durante más tiempo.
Ser generosos y ayudar a los demás desinteresadamente hace descender los niveles de estrés, baja la presión arterial y hace que los mecanismos de recompensa del cerebro se iluminen como un árbol de Navidad. Este mecanismo funciona incluso cuando las donaciones son solo voluntarias a medias, a través de impuestos, pero son mayores aún cuando se hace voluntariamente . Los tacaños viven menos , y los generosos se mueren más tarde, ya que están más protegidos contra el estrés. Por último, un estudio comprobó que las personas que trabajan en voluntariado viven más que quienes no lo hacen. Ante la duda, extiende una mano a los demás.
Hay una gran diferencia entre tomar una copa de vez en cuando y ser alcohólico, entre fumar un puro en una boda, y fumar cigarrillos en cadena. La diferencia está en la cabeza. Los comportamientos adictivos se auto refuerzan en tu cerebro, cuanto más lo haces, más lo quieres hacer. Esto puede estar bien para el deporte, o la risa, pero es un desastre con sustancias que dañan tu cuerpo. El tabaco es la causa del 30% de todos los casos de cáncer en el mundo. No hace falta decir mucho más
El año pasado la comunidad científica protestó oficialmente contra los juegos de entrenamiento mental que prometen mantener en forma las capacidades del cerebro, sobre todo en las personas mayores.
No se ha podido comprobar que estos juegos sean más efectivos que una partida de cartas. Ahorra dinero y concéntrate en sonreír.
Foto: meditation on beach, de Shutterstock, no reutilizar
Meditar tiene incontables beneficios, así puedes evitar quedarte dormido
Olvídate del misticismo, la reencarnación y las túnicas naranjas. Meditar funciona. Un reciente metaanálisis sobre la meditación aunando diferentes estudios ha comprobado que la meditación mejora los síntomas de la ansiedad, la depresión, el dolor crónico y el estrés.
La meditación es un estado especial de la mente, y no tiene nada que ver con echarse una siestecita reparadora después de comer, aunque eso también es genial.
Nuestro cerebro está sobrecargado de información a lo largo del día, y esta sobrecarga provoca una sensación de agotamiento mental: nos volvemos literalmente más tontos, del mismo modo que cuando estamos cansados físicamente nos volvemos más débiles. La meditación para el cerebro es como el descanso para los músculos: permite que se regenere y funcione mejor. Es decir, meditar nos ayuda a ser más inteligentes.
La meditación no es un estado pasivo, sino activo. Hay que hacer un pequeño esfuerzo para evitar que se convierta en una siesta:
Gracias a la resonancia magnética se ha visto que solo con 15 minutos minutos de meditación al día la actividad en el cerebro se reduce, lo que equivale a recargar las pilas de nuestra cabeza.
Aunque no es necesario, una app gratuita como Headspace puede ayudarte a meditar cada día.
Foto: woman meditating de Shutterstock, no reutilizar
Meditar no es tanto ponerse en la posición del loto y prender incienso, sino más bien darle un descanso al cerebro, limitando en todo lo posible los estímulos externos. Si has subido a una cumbre y te has quedado oteando el paisaje, o has pasado un rato mirando las olas del mar, o las estrellas, estabas meditando. Seguramente habrás encontrado la solución a muchos problemas en esos momentos.
Cuando meditas, te vuelves más listo, piensas mejor, aprendes más, recuerdas más. Las palabras que repites en ese estado cambian tu mente. Es un método que también emplean muchas religiones, aunque lo llaman de otro modo.
Para meditar no te hace falta el mar ni la montaña, puedes hacerlo en cualquier parte. Solo con cerrar los ojos y respirar hondo estamos bloqueando una buena parte del ruido del mundo. Cambia 20 minutos de televisión por 20 minutos de meditación y notarás la diferencia.
Ahora que tienes el cerebro a dieta, ponlo a hacer ejercicio.
¿Funcionan los juegos?
Si se trata de memorizar una página de la guía telefónica o 100 dígitos de pi, podemos aprender a hacerlo. Lo que no está demostrado es que eso nos haga más inteligentes en otros aspectos. Es decir, ser bueno con el sudoku sirve, sobre todo, para hacer más sudokus.
Lo mismo se puede decir los juegos de entrenamiento mental como los que popularizó Nintendo para su consola DS. Los estudios realizados por la Universidad de Rennes descubrieron que los sujetos que usaban la consola no tenían mejor memoria, pero sí mejoraban su capacidad matemática, aunque lo mismo que si hicieran los ejercicios con lápiz y papel.
Por cierto, la idea de que usamos solo el diez por ciento del cerebro es una completa tontería. Usamos la totalidad del cerebro, todos los días. Con resonancia magnética se ha podido comprobar que hasta las tareas más sencillas encienden las neuronas en todas las zonas del cerebro. No hay pastillas mágicas, solo trata de hacer las conexiones adecuadas.
Foto: TZA
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