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Sudar no adelgaza

July 09, 2012 Darío Pescador

Si quieres perder esa barriga tienes que sudar, pero al revés no funciona. Sudar no adelgaza.

Los campeones finlandeses de resistencia en sauna de la foto aguantan más de veinte minutos sudando sin parar. No parecen muy delgados. Los seres humanos sudamos mucho y bien. No todos los animales pueden hacerlo, nosotros compartimos la habilidad de sudar con los primates y los caballos, entre otros. El sudor, además de dejar rodales en las camisas, es un excelente mecanismo de refrigeración. Gracias al sudor somos capaces de hacer esfuerzos prolongados, como correr un maratón.

Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo se calienta, y sudamos para enfriarlo de nuevo. Pero sudar no adelgaza. Es el ejercicio lo que quema las grasas, y el sudor solo un efecto secundario del ejercicio. Así que no tiene sentido envolverse en plásticos, pasarse horas en la sauna (es peligroso), o peor aún, usar una de esas saunas personales de la teletienda alrededor de la barriga.

El peso que se pierde con el sudor es agua. Si pierdes medio kilo en la sauna, en cuanto bebas dos vasos de agua, lo recuperarás. Si encima bebes zumo, estás añadiendo azúcar y seguramente más peso.

No todo el mundo suda igual. Las mujeres tienen más glándulas sudoríparas, pero son menos activas que las de los hombres. Las personas que están en forma sudan más, porque son más eficientes refrigerándose. También sudan más quienes tienen sobrepeso, pero esta vez es a causa de la grasa, que actúa como aislante y sube la temperatura interior del cuerpo.

En comparación, otros animales sudan mucho menos y solo se pueden refrigerar por la boca, sacando la lengua. En esto se basaba la primera forma de caza de nuestros antepasados, denominada caza por resistencia. Consistía en perseguir a las presas durante horas, a ritmo constante. Un antílope solo se puede refrigerar sacando la lengua, pero no puede respirar,  sacar la lengua y correr al mismo tiempo. Solo había que hacerlo huir sin dejar que parase a descansar. Al cabo de varias horas, el antílope caía víctima de un golpe de calor. Los humanos terminaban sudados y agotados, pero la cena estaba servida.