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Cómo recuperarse de las cenas de navidad

December 29, 2015 Darío Pescador

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Te has pegado un atracón y de repente te apetece comer lechuga. ¿Te estás convirtiendo en cabra? No te preocupes, solo estás deshidratándote.

Te levantas por la mañana después de una cena familiar con la cabeza embotada, la barriga hinchada y un hámster en la boca, que en realidad es tu lengua. Los villancicos parecen coros infernales, y tienes náuseas solo con pensar en comida. ¿Te resulta familiar?

Las fiestas navideñas son una excusa para comer toneladas de mazapán, salsas, carne, vinos espumosos, marisco, chocolate, café y licores. A la mañana siguiente, además de la resaca, sientes algo desconocido: te apetece lechuga. Verda, fresca y crujiente. Ñam. ¿Qué ocurre? ¿Te has convertido a la dieta sana? ¿Terminarás tus días en el veganismo? Que no cunda el pánico. Solo es que tu cuerpo está deshidratado.

Estos son los culpables de que tus comilonas de Navidad te deshidraten:

  • Azúcar: tu cuerpo almacena el exceso de azúcar como glucógeno, y para eso le hace falta el doble de agua. Es decir, estás reteniendo líquidos en tus tejidos, y espesando tu sangre.
  • Sal: la sal es un componente abundante de la comida de Navidad. El aumento de electrolitos en tu sangre hace que tus células almacenen agua, es decir, retienes líquidos y tienes sed.
  • Alcohol: el alcohol  es diurético. Suprime la hormona vasopresina, lo que a su vez hace que necesites ir al baño más a menudo, y termines perdiendo agua.
  • Proteínas: una dieta rica en proteínas es una buena idea, pero un efecto secundario puede ser la sed. El cuerpo necesita más agua para procesar el nitrógeno de las proteínas. Si bajas todo ese pavo, pollo, cordero y marisco con alcohol y no bebes agua, estás echando más fuego a la hoguera.

Así que ahora te apetece morder esa lechuga. Ya puestos, un tomate, una manzana y una zanahoria. Si piensas que la lechuga es un 95% agua, ahí tienes tu explicación de tus antojos verdes.

La solución está muy clara, y no solo es verde. Tienes que beber agua como si no hubiera mañana. Incluso aunque no tengas sed, el agua ayudará a poner las cosas en su sitio.

Si piensas en una dieta de desintoxicación, olvídate. Tu cuerpo no necesita desintoxicarse. Tampoco hace falta que te mates de hambre con dietas extremas, pero sí debes evitar dulces, harina y alcohol todo lo posible, porque esos alimentos te deshidratan más.

Come verduras y proteínas junto el agua, y así conseguirás moderar tu apetito para la comilona siguiente, que está a la vuelta de la esquina.

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Foto: man with salad, de Shutterstock, no reutilizar