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Cómo ganarse el postre

November 30, 2011 Darío Pescador

Hay gente que primero se pasa con la comida y después se sienten culpables e intentan quemar el exceso de azúcar al gimnasio o corriendo. Hazlo exactamente al revés.

Comer nos hace sentir bien, así que es fácil dejarse llevar y meterse entre pecho y espalda una tarta, una caja de seis donuts, medio litro de heado o dos tabletas de chocolate. Después de este festín, una parte de nuestro cerebro nos dice que toda esa azúcar está viajando lenta pero inexorablemente a nuestra barriga o cartucheras, y viene la culpa, la ansiedad y una brusca necesidad de montar en la bicicleta estática o salir a correr como Rocky Balboa. Malas noticias: el daño ya está hecho.

La ventana anabólica

Propongo exáctamente lo contrario. Primero haz ejercicio. Después, come azúcar. Cuando acabamos de hacer ejercicio, sobre todo si se trata de ejercicios de fuerza o explosivos, como jugar al baloncesto o levantar pesas, estamos en un estado especial. Durante una hora nuestro cuerpo se encuentra en la ventana anabólica, un estado mágico en el que la comida llega a nuestros nuestros músculos mucho más fácilmente, en lugar de a los depósitos de grasa.

La ventana anabólica es la parte del día en la que debemos tomar azúcares, es decir, alimentos con alto índice glucémico.

En esta fase el cuerpo está ocupado en dos cosas. Primero, reponer los depósitos de glucógeno de los músculos y el hígado. El glucógeno es glucosa empaquetada, una forma de almacenamiento de energía de fácil utilización, y durante el esfuerzo se agota.

La segunda actividad es reconstruir los músculos dañados durante el esfuerzo, y para eso hacen falta proteínas. Como hemos dicho muchas veces, el tomar azúcar hace que aumente el nivel de insulina, pero en la ventana anabólica, en lugar de enviar la glucosa a las células de grasa, la insulina la envía a los músculos junto con los aminoácidos necesarios para reconstruirlos. Es estas fase, la insulina es un aliado.

¿Que clase de postre te has ganado? Intenta consumir proteínas y azúcares, pero poca grasa. La grasa se digiere más lentamente, y lo que quieres es que lleguen los nutrientes a los músculos lo antes posible. Por desgracia esto deja al chocolate fuera. ¿Qué tal un batido de leche, plátano y queso fresco? ¿O incluso unas tortitas (sin nata) con salsa de cacao desgrasado? ¿Y un muesli con leche, yougurt desnatado y fruta fresca? Ahora es el momento.

Atención: la ventana anabólica no es un cheque en blanco. Así que todo con moderación.

Foto: BBC Good Food